Antes de la operación militar estadounidense que culminó con la captura del expresidente Nicolás Maduro el pasado 3 de enero, se produjeron gestos de diplomacia intensa entre actores internacionales con el objetivo de evitar un desenlace violento en Venezuela.
Fuentes diplomáticas citadas por medios internacionales señalan que el Kremlin, a través de canales diplomáticos y con la mediación del Vaticano, trasladó a Washington una propuesta para facilitar la salida de Maduro del poder con un asilo seguro en Rusia y garantías personales respaldadas, en teoría, por el presidente ruso Vladímir Putin. La iniciativa habría sido planteada en conversaciones reservadas en Roma, incluida una intervención del cardenal Pietro Parolin, secretario de Estado del Vaticano.
“Evitar cualquier derramamiento de sangre»
El objetivo del Vaticano, según confirmó el propio Parolin, era “evitar cualquier derramamiento de sangre” y favorecer una solución pacífica y negociada a la crisis. Este intento de mediación —que también habría involucrado ofertas de salvoconductos y la búsqueda de un destino seguro fuera de Venezuela para el entonces mandatario— no prosperó y se topó con la negativa de Maduro, que rechazó las propuestas por desconfianza sobre su situación personal en el exilio y por insistir en conservar su influencia y bienes fuera del país.
Parolin ha señalado que la Santa Sede siempre apostó por una salida negociada, aunque reconoció que estos esfuerzos quedaron “superados por los hechos en el terreno” cuando Estados Unidos decidió ejecutar la incursión militar que resultó en la detención de Maduro y de su esposa, Cilia Flores.
La revelación se produce en un contexto de gran incertidumbre política en Venezuela, en el que la administración estadounidense de Donald Trump ha buscado consolidar un gobierno provisional y ha promovido acuerdos energéticos con actores contrarios al chavismo. Las gestiones diplomáticas previas reflejan tanto la intensidad de los esfuerzos internacionales por evitar un choque violento como las limitaciones de la diplomacia frente a decisiones soberanas difíciles de trasladar sobre el terreno político.