En España la ELA no es una prioridad para buena parte de nuestra clase política, en contraste con lo que ocurre en nuestros países vecinos. Países como Bélgica, Francia y Países Bajos han sido pioneros en la atención sociosanitaria de esta enfermedad. Sus Gobiernos garantizan asistencia en el domicilio, ayudas económicas y cuentan además con residencias con plazas específicas para pacientes de ELA. La otra cara de la moneda la vemos en España y Portugal, donde si existen estas prestaciones son escasas y acceder a ellas es un auténtico vía crucis burocrático
