Alemania ha hablado en las urnas, y el resultado es claro: el país ha dado un giro a la derecha. La CDU (Unión Demócrata Cristiana) se ha convertido en la fuerza más votada con alrededor de 208 escaños. Sin embargo, el verdadero terremoto político lo ha protagonizado Alternativa para Alemania (AfD), que ha logrado un sorprendente 20% de los votos, con 151 escaños, duplicando su resultado anterior y consolidándose como la segunda fuerza del Bundestag.
Mientras la derecha celebra su victoria, la socialdemocracia sufre una derrota histórica. El SPD de Olaf Scholz, hasta ahora al mando de la coalición de gobierno, se desploma, pasando del 26% al apenas un 16%. Un golpe severo que pone al socialismo alemán al borde de la irrelevancia.
El ganador de estas elecciones, la CDU, ha descartado negociar con AfD y busca un gobierno de coalición con los socialistas y los verdes, a pesar de la clara inclinación del electorado hacia la derecha. La participación electoral ha sido histórica, alcanzando el 83%, lo que demuestra la gran importancia de estas elecciones para los alemanes.
Uno de los temas clave de la contienda ha sido la inmigración ilegal, especialmente desde que Angela Merkel abriera las puertas en 2015. La sociedad alemana apoya ahora medidas más estrictas, como la restricción de la inmigración ilegal y la expulsión de extranjeros sin permiso de residencia o con antecedentes penales.
Este viraje a la derecha no es exclusivo de Alemania. Países como Italia, Suecia, Países Bajos y Francia también muestran una tendencia similar, mientras que España parece estar desconectada de este fenómeno político que recorre Europa
