Mucho tiene que cambiar todo para que Zapatero de las explicaciones detalladas sobre el rescate de Plus Ultra o sobre las joyas valoradas en más de un millón de euros que tenía en casa. En cualquier democracia madura, la credibilidad de una entrevista no depende de la comodidad del invitado, sino de la exigencia del periodista. La misión del periodismo no es ofrecer un refugio al poder, sino someterlo al mismo escrutinio al que se somete cualquier ciudadano. El problema es que llevamos años viendo cómo el Gobierno manosea y utiliza a su antojo la televisión pública que pagamos todos los españoles. Quizá por eso, lo de ser optimistas a las puertas de una de las entrevistas más esperadas resulta tan difícil. Porque cuando un político acude a un medio público, no comparece ante un presentador. Comparece ante todos los españoles, sí, tenemos derecho a escuchar respuestas sobre los asuntos que hoy centran el debate público. Las entrevistas amables pueden servir para tranquilizar a los convencidos. Pero nunca despejan las dudas de quienes buscan la verdad. Porque el silencio también comunica. Y las preguntas que no se hacen, a veces, dicen mucho más que las respuestas. Por otro lado, el Gobierno ha propuesto a Yolanda Díaz para presidir la OIT. En la mesa de análisis: Marcos de Quinto, Íñigo Henríquez de Luna y Josep María Francás.
