Bulos, filtraciones, informaciones falsas, fango, medios de comunicación, oposición e incluso malos jueces. El presidente del gobierno ha preferido mirar hacia otro lado y no asumir responsabilidades. Pedro Sánchez ha comparecido este miércoles en el Congreso de los Diputados con un objetivo evidente: intentar contener el impacto político de los escándalos que rodean al PSOE y a algunas de las personas que durante años formaron parte de su círculo de máxima confianza. Lo hace apenas después de conocerse la sentencia del Tribunal Supremo en el conocido como caso mascarillas, que ha supuesto la condena de quien fuera su número dos en el partido y uno de los hombres más poderosos de su Gobierno, José Luis Ábalos. Durante su intervención, el presidente ha insistido en que nunca tuvo conocimiento de ninguna práctica irregular. Aseguró que jamás conoció ni habría tolerado comportamientos corruptos y defendió que el PSOE no se ha financiado de manera irregular. Mientras esto ocurría en el Congreso, la UDEF ha acreditado un nuevo delito a Zapatero: tráfico de influencias. Además de todos estos casos de corrupción, analizamos también una nueva jornada de caos ferroviario, tanto en la red de Cercanías de Madrid como en la línea de Alta Velocidad entre Madrid y Sevilla. En la mesa de análisis: Enrique Calvet, Alejo Vidal-Quadras, Josep Maria Francàs.
