Ni Óscar Puente contempla la dimisión ni Pedro Sánchez sopesa su cese. A pesar del impacto y la gravedad sin precedentes de la tragedia de Urda, que ya se ha cobrado la vida de al menos 69 personas, la asunción de responsabilidades brilla por su ausencia en el Ministerio de Transportes. La respuesta oficial ante un desastre de esta magnitud sigue el guion habitual: reducir el foco a la hipótesis de un «error humano» y señalar al eslabón más débil, la última persona al mando de la operativa.
