El Gobierno dejó a Canarias sola ante el hantavirus. Pedro Sánchez aceptó el mandato de la OMS sin consultar con Clavijo. Mónica García colgó el teléfono con un «ya te lo pasaré». El resultado: caos, desconfianza y una crisis política que se suma a la sanitaria. El crucero MV Hondius navega hacia Tenerife con un brote de hantavirus a bordo. Lo hace porque el Gobierno de Pedro Sánchez así lo ha decidido, a petición de la Organización Mundial de la Salud. Hasta aquí, los hechos. El problema es todo lo que rodea a esa decisión: la forma en que se tomó, a quién se informó y, sobre todo, a quién no. Fernando Clavijo, presidente de Canarias, se enteró del destino del barco no en una reunión de coordinación, no en una llamada institucional, sino a través de una pregunta que él mismo le hizo a la ministra de Sanidad, Mónica García. La respuesta que recibió fue, básicamente, que ya se lo explicarían. En tres ocasiones formales, el Gobierno canario reclamó información. En tres ocasiones, no llegó.
