No debemos subestimar el colapso del Mar Rojo, ya que no se trata simplemente de una repetición de lo ocurrido en la guerra de Yom Kipur en 1973, donde vimos un aumento en los precios del petróleo. Ahora enfrentamos el riesgo de un aumento en los costos de transporte que podría desencadenar una situación inflacionaria, y esto ocurre en un contexto de debilidad económica significativa. La gravedad de la situación es innegable, y fue ingenuo creer que no llegaríamos a este punto.
