Josep Maria Francàs aborda con firmeza el tema del cambio climático, desafiando las afirmaciones catastróficas sobre sus consecuencias. Explica que el aumento de temperatura no es un dogma, sino un hecho científico respaldado por evidencia empírica a lo largo de los siglos. Destaca que la variación en la temperatura no es algo nuevo, citando ejemplos históricos como la disminución de la temperatura en el siglo XVIII debido a la erupción de un volcán en Islandia.
Francàs recalca que los cambios de temperatura de uno o dos grados no condenarán a la humanidad a la extinción, sino que podrían generar desafíos locales como la necesidad de construir diques en ciudades costeras como Barcelona. Sin embargo, enfatiza que tales cambios no tienen un impacto catastrófico a nivel global. Utilizando un enfoque basado en el sentido común, Francàs argumenta que la respuesta al cambio climático debe ser pragmática y centrada en la prevención de consecuencias concretas, como el aumento del nivel del mar en áreas urbanas costeras. Rechaza la idea de que la reducción de emisiones de CO2 a través de medidas como la eliminación de coches sea una solución efectiva, subrayando la importancia de abordar los problemas de manera práctica y realista.
