Julio Ariza estalló contra la gestión ferroviaria tras el siniestro ocurrido en Adamuz, al que calificó de “calamidad” y de “crónica de unas muertes anunciadas”. Según Ariza, cuando las cosas se hacen mal, ocurren cosas malas. Criticó duramente a la clase política actual por no tomarse en serio su responsabilidad y denunció que no se prioriza adecuadamente el destino del dinero público, lo que pone en riesgo la paz y la justicia social. Además, señaló que el Gobierno está debilitando ambos principios al situar al frente de empresas públicas como Renfe o Adif a personas de confianza que no están capacitadas para asumir cargos de responsabilidad. Ariza advirtió de que la falta de presupuestos impide adaptar el gasto público a las necesidades reales del sistema ferroviario.
