En una iniciativa que ha generado controversia, la Universidad Autónoma de Barcelona ha lanzado una actividad denominada «No me raciales, háblame en catalán», programada para los meses de febrero y marzo. El propósito declarado es concienciar a los hablantes de catalán sobre las razones para utilizar su lengua materna en conversaciones cotidianas, así como los beneficios derivados de mantenerla frente a interlocutores que están aprendiendo catalán.
El curso, que otorga créditos académicos, equiparándose a actividades deportivas, solidarias o de voluntariado, ha despertado críticas y cuestionamientos. La actividad apunta a crear un entorno donde los hablantes de catalán mantengan esta lengua incluso cuando interactúan con personas que no forman parte de su comunidad. Este enfoque excluyente ha generado dudas sobre su justificación y efectividad, especialmente al equiparar el hablar en catalán con otras actividades extracurriculares.
Se plantea la preocupación sobre la imposición de una lengua en los espacios universitarios, especialmente cuando se excluye a quienes no la hablan. Esto genera una división entre los catalanohablantes y aquellos que no lo son, lo que puede resultar en un ambiente poco inclusivo y restrictivo para la interacción.
Además, se cuestiona la pertinencia de promover el uso del catalán solo entre los catalanes, en lugar de fomentar la comunicación y el respeto mutuo entre todos los miembros de la comunidad universitaria. La libertad para elegir la lengua en función de la conveniencia y el respeto hacia los demás deberían ser valores fundamentales en cualquier contexto.
En última instancia, la discusión sobre el uso de la lengua refleja cuestiones más amplias de inclusión, diversidad y respeto en la sociedad, y la educación desempeña un papel fundamental en promover un entorno donde todas las voces sean escuchadas y respetadas.
