Como verdaderos héroes. Así eran recibidos, entre aplausos, los españoles del crucero que llegaban al hospital Gómez Ulla para comenzar su cuarentena. Incluso algún que otro pasajero no quería perder la oportunidad de inmortalidad este hecho desde dentro del autobús. Pero lejos de esta anécdota, el operativo deja varios fallos importantes a simple vista. El primero de ellos, por ejemplo, esta especie de bata de plástico que se pusieron a los pasajeros nada más tomar tierra. Parece, cuanto menos, insuficiente si hablamos de intentar contener el hantavirus. Ya dentro del autobús, el protocolo tampoco se cumplió como se debía. Viajeros con la mascarilla quitada, un hecho al que la propia ministra García intentaba quitar hierro horas después. O lo que es peor, un técnico de Sanidad se baja del autobús en pleno trayecto sin EPI y sin mascarilla… habrá que ver donde deposita ese material ya de por sí mal utilizado.
