Medido hasta el último milímetro, sin contestar las preguntas de la acusación particular y negando la mayor. Álvaro García Ortiz declaró durante algo más de dos horas con una tranquilidad tensa, y esta vez SÍ, sentado en el banquillo de los acusados con un toque teatral al desprenderse de la toga de Fiscal General que ha portado durante las anteriores sesiones. No se olvidó del toque dramático, tiró de épica con una frase más preparada que encontrada, por mucho que él defendiera que se la había dicho un asistente a su entrada de “la verdad no se filtra, la verdad se defiende”. Un interrogatorio hecho a su medida, aunque su defensa, en este caso sus pupilos, se saltasen el guion en varias ocasiones y fuese el propio acusado quien recordase a su letrado lo que tenía que preguntar. Curioso a la par que bochornoso.
