José Luis Ábalos declara desde las 10 en punto de la mañana en el Tribunal Supremo. El hombre que fue ministro de Transportes, secretario de Organización del PSOE y, durante años, una de las piezas más influyentes del sanchismo, se sienta hoy frente a la Sala Segunda del alto tribunal para intentar explicar por qué la Fiscalía Anticorrupción pide para él veinticuatro años de prisión. Es el último de los tres acusados en declarar en este primer juicio del caso Koldo, centrado en la trama de las mascarillas. Antes que él, lo hicieron Koldo García, su ex asesor, y Víctor de Aldama, el empresario comisionista que, según el escrito de acusación, era el engranaje visible de la supuesta organización criminal. La Fiscalía sitúa a Ábalos como el jefe. Los otros dos acusados, sin embargo, ya se encargaron de desmontar ese relato: ninguno de los dos le señaló como el que mandaba. Aldama fue más lejos. Mucho más lejos. Ante la sala, aseguró que los pagos (que cifra entre tres millones y medio y cuatro millones de euros en mordidas, más diez mil euros mensuales en gastos fijos) no iban solo a Ábalos y a García.
