El titular es contundente: España crece, pero los españoles se empobrecen. El PIB nominal sube un 0,50% en el primer trimestre de 2026 y el PIB real un 0,61%. Buenas noticias macroeconómicas, aparentemente. Pero cuando dividimos esa riqueza entre todos los habitantes, el resultado es demoledor. El PIB per cápita real, que es el que mide lo que le corresponde a cada ciudadano descontando la inflación, cae un 5,19%. Del 6.940 al 6.580 euros. En un solo trimestre. Eso significa que la economía española crece en términos agregados precisamente porque hay más personas, no porque cada ciudadano sea más rico. Al contrario: cada ciudadano es significativamente más pobre. El motor de ese crecimiento estadístico es la inmigración masiva, que engrosa el PIB total pero diluye la riqueza individual. España es el ejemplo más claro de un país que mejora en el escaparate y empeora en el bolsillo de sus ciudadanos.
