El capitán sigue al frente del timón. Así nos lo vino a decir ayer Pedro Sánchez en ese pleno monográfico sobre corrupción. Pero evitó pronunciar una sola palabra sobre la acusación más demoledora que recibía ayer en el Congreso de los Diputados. La frase más dura de la jornada no la dijo Sánchez. La pronunció el líder de la oposición. Alberto Núñez Feijóo acusó directamente al presidente de haber sido “partícipe a título lucrativo del abominable negocio de la prostitución”. Y lo hizo sin titubeos. Sin matices. A plena luz del día y en sede parlamentaria. Acusación gratuita, se lee hoy en unas crónicas. Estrategia política en otra. Jarro de agua fría para Pedro Sánchez, apuntan otras muchas. Puede que todo eso sea cierto. Pero también es cierto que, a esta hora, nadie del Gobierno lo ha desmentido con claridad. Ni una sola línea oficial ha aclarado si es verdad o no que el piso donde vivía Sánchez en su etapa de ascenso político fue pagado, directa o indirectamente, con beneficios procedentes del negocio de la prostitución. El suegro de Pedro Sánchez, Sabiniano Gómez Serrano, fallecido en junio, fue durante décadas propietario de varias saunas gays en Madrid, algunas de ellas con antecedentes judiciales, operaciones policiales e incluso denuncias por explotación sexual.
