Todos piden elecciones y Sánchez hace como que no oye. Hay momentos en política en los que los números hablan solos. Y hoy los números dicen algo muy claro: 184 diputados habrían levantado la mano para pedirle a Pedro Sánchez que convoque elecciones. Ciento ochenta y cuatro. Más de los 179 que le bastaron para investirse presidente en 2023. Una mayoría absoluta que, sin embargo, no ha podido ni pronunciarse, porque Francina Armengol, desde la presidencia del Congreso, se lo ha impedido. Esa es la fotografía de esta legislatura. No ya agonizante, sino directamente intervenida. PSOE y Sumar blindaron el martes en la Mesa del Congreso las enmiendas del PP y de Junts que pedían la disolución de las Cortes. El argumento: convocar elecciones es competencia exclusiva del Ejecutivo, no del Legislativo. Un razonamiento técnicamente sostenible, pero políticamente revelador. Y con trampa porque el Congreso no convocaría, sino que hubiera pedido que se convocaran esos comicios. Cuando para sobrevivir necesitas que el árbitro te tape los puntos en contra, el partido ya está perdido en el marcador. El PP ha respondido llevando su exigencia al Senado, donde sí tiene mayoría absoluta. Allí la moción prosperará, aunque su efecto práctico sea limitado. Pero el mensaje político es incontestable: la oposición ya no cabe en el Congreso.
