En la actualidad, el gobierno de Pedro Sánchez no muestra contención en el uso del poder, silenciando el parlamento y legislando mayoritariamente mediante decretos, limitando así la posibilidad de debate y enmiendas. Además, este gobierno intenta copar las administraciones públicas, atacar a los cuerpos superiores del estado y asaltar la justicia de manera descarada.
El problema no radica en la mera posesión de votos, como afirma Sánchez al declarar tener un gobierno legal. La cuestión crítica es si ese gobierno es legítimo, ya que la legitimidad depende del uso que se haga de los votos. Para ser un gobierno legítimo, es necesario cumplir con varias condiciones, como respetar las leyes consagradas en la Constitución y otras normas políticas como la tolerancia y la contención en el ejercicio del poder.
El Tribunal Constitucional refleja ahora mayorías mecánicas, lo que indica una maniobra para vaciar el estado de su esencia y rellenarlo con otra cosa, dependiendo de las decisiones del propio tribunal. Ante esta situación, es evidente que se debe librar una batalla, no solo en el ámbito institucional, sino también en las calles, demostrando que el pueblo español no está dispuesto a tolerar cualquier cosa.
Es crucial despertar la conciencia colectiva y llevar a cabo una batalla tanto a nivel nacional como en la Unión Europea, que representa un terreno más neutral. No es suficiente criticar la gestión de Sánchez; es imperativo presentar un proyecto propio. En este caso, el proyecto sería defender la democracia liberal que está siendo asaltada por las llamadas democracias iliberales, que experimentan un retroceso a nivel mundial.
