Emiliano García-Page, Fernando López Miras, Carlos Mazón y Juanma Moreno Bonilla se encuentran inmortalizados en una única fotografía, teñida de simbología y mensaje político. La imagen, autodenominada la «conjura de Fitur,» retrata al varón del Partido Socialista junto a los representantes del PP, entonando La Traviata y despojando a Pedro Sánchez de cualquier ética o coherencia política.
Esta escena fugaz, que apenas duró cuatro minutos, se desencadenó tras la clausura de Fitur, marcada por los problemas de financiación de las comunidades autónomas, especialmente en contraste con Cataluña, a la que acusan de gozar de privilegios financieros. Los líderes autonómicos rompieron filas, pero el castellano-manchego se debatía entre la crítica y el temor ante el «búnker» sanchista.
García-Page, consciente de la controversia, afirmó no querer generar conflictos internos en su partido, admitiendo que observaba cómo estaba a punto de ser extraditado. La alianza entre un presidente socialista y los populares trasciende lo meramente económico, abarcando también cuestiones como la amnistía a golpistas y terroristas.
No vaciló García-Page en intensificar sus críticas, asegurando que se están situando fuera del marco constitucional. Este enfrentamiento público dentro de Ferraz no tiene precedentes, y Óscar Puente salió rápidamente a afirmar que quien estaba fuera del PSOE era el propio Page. Este episodio ha generado opiniones divididas, algunos lo ven como un acto fingido frente a la cámara, mientras otros lo comparan con el Sánchez que conocíamos antes del 23 de julio.
Surgen voces que le reprochan su valentía, sugiriendo que debería mostrar tanto valor como su supuesto gemelo y romper el carnet del partido. Echar a un socialista que defiende lo mismo que defendía Sánchez hace unos meses, antes del 23 de julio, es interpretado como otra señal de que la democracia ha salido por la puerta de Ferraz.
