Menos días permitidos de faena, más burocracia para salir a trabajar y un recorte constante de presupuesto que hace casi imposible mantener la actividad.
¿Y cómo se nota esto en el mercado de tu barrio? Muy sencillo: menos barcos saliendo a pescar significa menos producto disponible. Y cuando hay menos género, el precio sube. Al final, las decisiones que se toman en Bruselas no solo afectan a los pescadores, también a las familias que ven cómo el pescado fresco se encarece y desaparecen opciones que antes eran habituales.
