México vive una tragedia diaria: decenas de asesinatos, territorios dominados por el crimen organizado y un Estado desbordado por la violencia. Sin embargo, parte del discurso oficial y de algunos sectores políticos prefiere mirar hacia el pasado y culpar a España de los males actuales. Resulta paradójico que, en un país donde la corrupción y la impunidad socavan la confianza ciudadana, se recurra a Hernán Cortés y a la conquista de hace cinco siglos para justificar un presente sangriento. El revisionismo histórico se convierte así en una cortina de humo que distrae de los verdaderos problemas: la incapacidad del Estado para garantizar la seguridad, la pobreza estructural y la connivencia entre poder político y narcotráfico.
