Cuando el cine español aborda a ETA no solo cuenta historias: construye memoria. Y cuando determinadas películas son reconocidas en los Premios Goya, no solo se celebra su calidad técnica o artística, también se legitima una forma concreta de interpretar lo ocurrido. El debate no es si se puede hablar de ETA. Claro que sí. La cuestión es cómo se hace… y desde qué foco. ¿Estamos premiando únicamente cine? ¿O también una narrativa sobre nuestro pasado reciente?
