En este preciso momento, Ucrania se encuentra atrapada en un conflicto internacional de enormes proporciones, un «balón pinchado» resultado de los intereses de dos grandes potencias mundiales: Rusia y Estados Unidos. Mientras las balas y las sanciones cruzan las fronteras, la pregunta que surge es ¿qué papel juega la Unión Europea en este panorama tan complejo? La respuesta es inquietante: la UE entra en la sala de negociaciones como un jugador que, aunque intenta mediar, está rodeado de tensiones internas.
En este contexto, España, un país que lleva más de un siglo adoptando una postura de neutralidad en conflictos internacionales, se ve atrapada entre dos aguas: apoyando a una nación agredida, pero sin ser aliada de la misma, y observando a un agresor que tampoco cuenta con España como socio estratégico.
