El ejecutivo y las voces que le defienden en los medios de comunicación trasladan el mismo mensaje erróneo a los españoles: un ciudadano es de clase alta si cobra 30.000 euros brutos al año. Sin embargo, el macabro plan detrás de esta estrategia no es otro que conseguir convencer a los españoles de que está justificado subirles los impuestos, ya que son ricos. Esta es la fuente de financiación de los chiringuitos del gobierno mientras los trabajadores apenas logran llegar a fin de mes.
