David Sánchez ha declarado este jueves ante la Audiencia Provincial de Badajoz en el juicio que le juzga por tráfico de influencias y prevaricación.
Ha durado apenas diez minutos. Y ha respondido exclusivamente a las preguntas de su propio abogado. Una precaución comprensible, por otro lado, teniendo en cuenta que en su anterior comparecencia judicial llegó a reconocer que no sabía ni dónde estaba ubicado su puesto de trabajo.
Esta vez, claramente, alguien le había preparado mejor el terreno. El hermano del presidente del Gobierno ha negado punto por punto cada una de las irregularidades que le atribuyen las acusaciones. Ha dicho que su despacho estaba en el Conservatorio Superior de Badajoz. Ha explicado que la Oficina de Artes Escénicas, ese puesto que le construyeron a medida, «no ocupaba un espacio físico».
Ha negado haber influido en el cambio de denominación de su plaza (ese disfraz, como lo llaman las acusaciones, para ajustar el puesto a sus preferencias personales). Y ha negado también haber tenido ninguna capacidad ni información para beneficiar a su amigo Luis Carrero, el exasesor de Moncloa que acabó obteniendo otra plaza en la misma institución.
