Washington declara abiertamente a Venezuela como estado terrorista y ha ordenando bloquear los petroleros señalados como “buques fantasma”, usados para esquivar sanciones y vender crudo. Trump endurece la presión tras la incautación de un buque con casi dos millones de barriles, acusando al régimen de financiar represión, corrupción y narcotráfico con el petróleo. La Casa Blanca busca cortar una de las principales vías de financiación de Caracas, mientras mantiene a Chevron operando en el país. Desde Venezuela denuncian “robo y piratería” y llaman a la movilización, en un pulso que reaviva el debate sobre un posible Estado fallido y el regreso a la doctrina Monroe.
