Doce meses después, las heridas siguen abiertas. Hay calles aún sin reparar, viviendas vacías, negocios cerrados y familias que todavía esperan las ayudas prometidas.
Nuestro equipo se ha desplazado hasta la zona cero para conocer de primera mano la realidad. Allí, los vecinos recuerdan entre lágrimas y rabia aquellos días de desesperación… y cómo, un año después, la lluvia sigue pesando más que las palabras vacías de las administraciones. Las promesas se las llevó el agua, pero el esfuerzo del pueblo quedó grabado en la tierra
