Hace un año el agua lo destruyó todo. Pero hoy, lo que sigue ahogando a los comerciantes es la burocracia. Locales que aún no han podido abrir, techos que siguen húmedos, facturas acumuladas y ayudas que no llegan. Prometieron reactivar la economía local, pero la realidad es bien distinta: los negocios siguen cerrando y los vecinos sienten que el Gobierno les ha abandonado a su suerte. En Paiporta, como en tantos otros municipios, los comerciantes viven entre la resignación y la rabia. “Nos dijeron que no estábamos solos”, dicen, “pero un año después seguimos igual”.
