Tras toda la información revelada esta semana, España queda como cooperador necesario del sórdido chantaje a Edmundo González. Aquí hay una clave: Urrutia no se refugió en la Embajada de España, sino en la de Holanda. Pero el embajador holandés no es un admirador del régimen de Maduro, como el nuestro. Y para retorcer el brazo a Edmundo, Maduro permitió que cambiara de refugio sin echarle el guante. Y ahí hubo una pieza clave: a la Embajada Venezolana suelen enviar a ex políticos del PSOE, no a profesionales de la diplomacia. Nuestro embajador que asistió impávido a las coacciones al presidente legitimo de Venezuela es Ramón Santos, que es embajador de carrera, y que ocupaba el mismo cargo en Bolivia, en pleno auge de Evo
