En los tres meses siguientes a la llegada al poder de los laboristas, la economía británica se ha venido contrayendo cada mes, cambiando la tendencia de los meses anteriores bajo el gobierno conservador. Los indicadores apuntan a un significativo descenso de la confianza de empresas y consumidores que muchos achacan a la negatividad con la que el partido laborista comenzó su legislatura para justificar las subidas de impuestos que estaban por venir.
