Cuando en política se habla de “igualdad” es una idea solo de postín.
El progresismo, aunque se llene la boca al hablar de igualdad, apoyó y fomentó la agenda 2030, una Agenda que oculta la desigualdad más grande del planeta que está en los paraísos fiscales y en los fondos de inversión, etc…. Algo que ya traté en el “Ensayo sobre la desigualdad” de (2017).
Y, en efecto, la igualdad, pese a que sea la quintaesencia para los políticos brilla por su ausencia. El progresismo ha triunfado haciéndose el valedor de las supuestas víctimas, basta dar un paseo por los pasillos de cualquier facultad de Educación y ver con cauta disciplina todo un rosario de grupos de víctimas. Políticas que han reemplazado a la antigua lucha de clases.
Regiones víctimas, trans, mujeres pero, de estos grupos ya no se derivan grandes esplendores -no dan mucho más de sí- ya lo vimos con la Ley Trans. Cada vez el Estado progresista tenía que buscar a grupos víctimas más pequeños. Pero cuando empezaba a faltar la fortuna, la izquierda ha encontrado un enorme nicho de votos; los inmigrantes.
Son las nuevas víctimas; paquistanís, marroquís, malíenses, sirios, afganos, argelinos, senegalenses. Y para que todo esto llegue a buen puerto, hay que subvencionar a una red de ONG (aunque habría que quitar lo de No Gubernamentales), realizar un acogimiento, bailar en la bienvenida y realizar una redistribución de la riqueza y lo más importante, regularizarlos cuanto antes, darles el DNI español y que puedan votar a la izquierda.
Queda claro que el progresismo no discrimina el endogrupo del exogrupo ni fomentan la natalidad.
De ahí se entiende que los progresistas apoyen al Islam, o por lo menos guarden silencio para obtener sus votos. Por sorprendente que parezca, no ha existido ninguna medida del Ministerio de Igualdad hacia la mujer musulmana nacionalizada española, ninguna.
La realidad es que el progresismo ha triunfado manteniendo unos enemigos muy concretos que siempre son los mismos: la religión (solo la Católica), la familia, la idea de patria, y el hombre blanco heterosexual cisgenero ¡Ah!, y los malévolos empresarios. Y mientras tanto, de forma muy cínica se siguen poniendo la medalla de la igualdad.