La Administración de Donald Trump ha arremetido con dureza contra el Gobierno de Pedro Sánchez a raíz de la grave crisis migratoria registrada en Ceuta, donde entre 20.000 y 30.000 personas han accedido de forma irregular en las últimas horas.
Desde la Casa Blanca señalan directamente a las «políticas globalistas de extrema izquierda» del Ejecutivo español como responsables de facilitar la inmigración masiva y advierten del riesgo de colapso de las instituciones si no se rectifica la política de fronteras de forma inmediata.
La dureza del comunicado de la Casa Blanca coincide con el deterioro de la situación sobre el terreno en la ciudad autónoma, donde los servicios de acogida se encuentran completamente desbordados tras el cruce masivo a nado por el espigón de El Tarajal.
Mientras la tragedia humana se cobra al menos diez fallecidos en una sola jornada, el presidente ceutí, Juan Jesús Vivas, ha exigido la declaración de emergencia nacional, el despliegue permanente del Ejército y el cierre total de la frontera ante el silencio y la falta de control por parte de Marruecos.
Duro varapalo internacional a la gestión fronteriza de La Moncloa
Desde Washington, la portavocía de la Casa Blanca ha advertido de que los países que adoptan políticas de fronteras abiertas y rendición ante el globalismo se arriesgan a comprometer su propia soberanía y seguridad nacional.
El posicionamiento de la Administración estadounidense deja a Pedro Sánchez en una situación de extremo aislamiento internacional, especialmente en un momento en que varios socios europeos estudian medidas cautelares sobre el espacio Schengen ante la incapacidad del Gobierno socialcomunista para blindar la frontera sur de Europa.
El descontrol en la linde ceutí vuelve a poner bajo la lupa las opacas relaciones entre La Moncloa y Marruecos. A pesar de los constantes giros en la política exterior española en favor del reino alauita, los episodios de presión migratoria sobre Ceuta y Melilla continúan siendo utilizados de forma recurrente por Rabat, dejando en evidencia la debilidad estratégica y la falta de firmeza de la política diplomática de Sánchez.