Pedro Sánchez lo volvió a hacer. Hizo de algo común como cambiar la hora el último fin de semana de octubre, una noticia anunciada a bombo y platillo para tapar todo lo que le rodea. El presidente pidió formalmente ante los miembros de la Unión Europea que esta fuera la última vez que se produjese el cambio de horario… y de nuevo, pues se quedó solo, tan solo contó con el apoyo de 3 de los 27 países miembros. Llama la atención esta cortina de humo que Sánchez quiso utilizar por este cambio horario, guste más o menos, se lleva produciendo en nuestro país desde 1918. Y llama la atención porque ya es por todos sabido que realmente no le interesa al presidente de España que el domingo atrasemos o no una hora nuestros relojes, sino que pone todo su empeño porque no se hable de lo que pasa en su casa. Porque podría haber dado explicaciones sobre las lechugas y las chistorras, o sobre Ábalos y Koldo o sobre que el juez Leopoldo Puente cite a más testigos para que den explicaciones sobre la supuesta caja B de Partido Socialista y es que la financiación ilegal comienza a sobrevolar cada vez más cerca de la sede de Ferraz.
