Los agricultores han hecho oír su voz con contundencia, dando un golpe firme sobre la mesa y diciendo «¡Basta!». Sin embargo, parece que no están solos en su descontento. Durante la última semana, también se ha hablado mucho sobre la situación de la pesca, otro sector fundamental que está considerando unirse a las reivindicaciones del campo para expresar su malestar.
Tanto la pesca como la agricultura coinciden en cuestionar las políticas europeas que, según denuncian, los hacen perder competitividad debido a una excesiva preocupación por el medio ambiente. En el caso de la pesca, se critica la prohibición o limitación de la pesca de arrastre en hasta 87 zonas pesqueras desde octubre de 2022, así como el plan de acción para el Mediterráneo occidental, que ha reducido significativamente los días de pesca.
Mientras tanto, países como China y África exportan productos que no cumplen con las mismas regulaciones exigidas a los pescadores europeos, lo que genera una competencia desleal y pone en peligro la sostenibilidad del sector. A pesar de ello, el 70% de los productos pesqueros consumidos en la Unión Europea provienen de estos países.
Ante esta situación, no sería sorprendente que el sector pesquero también eleve su voz de protesta. ¿Qué sería de España si agricultores, pescadores y camioneros se unieran en manifestaciones que paralizaran el país? Es una pregunta que merece ser considerada en medio de estos tiempos de descontento y movilización social.
