El caso más restrictivo es Irlanda. Los ciudadanos que residen fuera no pueden votar en ningunas elecciones, salvo excepciones muy específicas, como diplomáticos, militares o ciertos funcionarios destinados en el extranjero. Dinamarca, por su parte, establece en la ley que, para conservar el derecho al voto, la residencia estable tiene que estar en este país. Si se establece la residencia estable fuera del territorio, se pierde por completo ese derecho al voto.
