Sánchez cierra 2025 en extrema debilidad política y sin el apoyo de sus grandes aliados, con un Gobierno fragmentado que depende absolutamente del chantaje separatista para evitar el colapso. La crisis en el bloque de investidura es total: Podemos sentencia al Ejecutivo como «políticamente muerto» y el descalabro electoral en Extremadura ha dejado a Sánchez sin un interlocutor sólido, atrapado en una guerra civil entre Sumar y Podemos. Ante esta soledad, el presidente responde con más cesiones, impulsando una peligrosa maniobra para dar «perfil de Estado» a Cataluña y País Vasco en organismos internacionales. En definitiva, un presidente humillado que encara 2026 sin rumbo y bajo el dictado de quienes buscan la ruptura de España.
