Josep Maria Francàs concluye su crítica a la postura de no dejar pasar ni una, destacando las declaraciones de la vicepresidenta del gobierno y ministra de Hacienda, la señora Montero, en relación con el reciente fugado del secesionismo catalán, el chico Wagensberg.
Francàs no escatima en calificativos al describir las declaraciones de Montero como «alucinantes». Se centra en las palabras de la vicepresidenta, quien, según él, afirmó comprender perfectamente la angustia, la incertidumbre y el miedo que puede experimentar alguien que ha decidido saltarse la ley. Francàs destaca su perplejidad ante la falta de una recomendación interesante, sugiriendo que la señora Montero debería haber sugerido que el Estado pagara a este joven un psicólogo, considerando su aparente sufrimiento.
Con un toque de sarcasmo, Francàs señala que, si este chico está tan afectado, sería lógico que el Estado también pagara los servicios de un psicólogo para él, así como para todos los presos en España. Además, añade una sugerencia irónica al proponer que tal vez sería prudente que el chico consultara a un psiquiatra también.
