El Gobierno prepara una subida de impuestos que hará que el diésel deje de ser más barato que la gasolina, poniendo fin a una ventaja fiscal histórica; Bruselas exige este cambio para cumplir los objetivos climáticos y no perder fondos europeos, pero la medida aumentará los costes del transporte, la presión fiscal y el precio final para los consumidores, mientras los transportistas ya amenazan con huelgas si se aprueba sin compensaciones.
