Allí, entre montañas y fe, nació el espíritu que levantó una nación. Fue en Covadonga donde empezó todo: la resistencia, la unidad, la esperanza. Hoy, más de mil años después, España vuelve a necesitar aquel mismo impulso. No el de las armas, sino el del alma.
Porque una patria no se mantiene solo con leyes o fronteras, sino con un sentimiento compartido, con la voluntad de reconciliarse consigo misma.
