La derogación del dictamen que consideraba peligroso el carbono impulsada por Donald Trump se presenta como un golpe a los impuestos climáticos y un impulso a la competitividad energética de EE. UU. Frente a ello, Europa ha triplicado la recaudación por derechos de CO₂ —con España aportando entre 3.000 y 6.000 millones— y se advierte que estas tasas elevan costes y restan competitividad como es el caso del acuerdo MERCOSUR o la pérdida de tráfico en el Puerto de Algeciras frente al crecimiento del Tanger Med.
