Los sectores más radicales de la izquierda española vuelven a exhibir su rostro más intolerante. En las últimas semanas, grupos vinculados al entorno abertzale han protagonizado agresiones contra periodistas y han intentado impedir la celebración de charlas y actos públicos, atentando directamente contra la libertad de expresión. Lo más preocupante es que, lejos de recibir una condena unánime, estas acciones encuentran comprensión —e incluso aplauso— entre algunos socios del Gobierno y sectores cercanos a Moncloa. Esta actitud alimenta la sensación de impunidad y refuerza la idea de que parte de la izquierda radical pretende imponer su visión por la fuerza, sustituyendo el debate democrático por la coacción y el silencio.
