Lo que Azaña criticaba en su tiempo parece escrito para hoy. Muchos ciudadanos ven en la clase política actual —desde las polémicas que rodean a dirigentes como Santos Cerdán hasta el clima en comisiones como la Dana— un deterioro institucional, más sectarismo que gestión y una sensación de vacío moral. Y justo ahora el Gobierno pretende que recordemos los 50 años de Franco; pero si abre ese debate, surge una pregunta incómoda: ¿de verdad quiere que comparemos cómo era España hace 60, 50 o 40 años con lo que somos hoy, cuando tantos tienen la impresión de que en vez de avanzar estamos retrocediendo?
