¿Por qué no hay que colgar las banderas LGTBI y trans en los edificios oficiales? ¿De verdad hay que tolerar que se colectivice a las personas por su orientación sexual, reduciendo su persona únicamente a una característica de su vida privada? Son algunas de las cuestiones a las que da respuesta José Javier Esparza en su editorial. La hegemonía del pensamiento más ‘woke’, sin duda, ha supuesto que llevar la contraria públicamente es un acto de valentía.
