China se ha convertido en uno de los principales referentes internacionales del Gobierno de Pedro Sánchez. El presidente ha estrechado relaciones con Pekín a través de frecuentes viajes oficiales y de una estrategia diplomática marcada por la cercanía con el régimen de Xi Jinping. Dentro del Ejecutivo también se han producido declaraciones especialmente benevolentes hacia el sistema político chino, como las realizadas en su día por Yolanda Díaz sobre la supuesta evolución democrática del país. La afinidad con el gigante asiático tampoco es nueva en el entorno socialista. El expresidente Zapatero ha defendido públicamente durante años la cooperación y el entendimiento con Pekín, mostrando una relación especialmente cordial con las autoridades chinas y con el propio Xi Jinping. Sin embargo, esa admiración puede generar ahora una reflexión incómoda en Moncloa. El régimen chino ha anunciado la ejecución de dos exministros de Defensa condenados por corrupción, sobornos y tráfico de influencias tras aceptar pagos a cambio de favorecer nombramientos y contratos dentro de la estructura estatal.
