Los diputados son empleados de todos que les pagamos un “salario” para que nos representen y les hacemos gracias como el aforamiento. En estos tiempos de currículums inflados están desviando nuestra atención sobre algo muy dañino y de dudosa legalidad. Los diputados socialistas reciben su salario del grupo parlamentario. Esto es el Congreso de los Diputados paga al Grupo y el grupo reparte el sueldo y los complementos de cada diputado. Y en el camino del grupo detrae el “impuesto revolucionario” que se queda el partido dueño y señor de la hacienda del diputado. Así lo reconocía el PSOE al Supremo e incluso hicieron pública una nota de prensa que asumía, en el que explican cómo canalizan las aportaciones voluntarias y las cuotas. Este sistema tiene que ver con que el PSOE no se fía de sus elegidos en las Cámaras y prefiere el pájaro en mano. La figura -por extraña- merece un calificativo algo así como “mordida en origen”.
