Esta semana, Donald Trump sugirió que la reticencia de Keir Starmer a apoyar el ataque contra Irán se debe a su temor a una reacción de los musulmanes británicos en las urnas.
Sea así, o no, el primer ministro es consciente del impacto que el apoyo de la comunidad musulmana, o la falta de él, tendrá en sus posibilidades de aferrarse al poder.
El Estudio Electoral Británico reveló que el 80 % de los musulmanes votó al Partido Laborista en las elecciones generales de 2019, pero esto cambió radicalmente en 2024, con una caída 12% de los laboristas en los distritos donde los musulmanes representaban al menos una décima parte de la población. Este grupo, hasta entonces clave para el Partido Laborista, se inclinó hacia los partidos pro-Gaza, como los Verdes, debido al apoyo del Gobierno a Israel.
Las recientes elecciones de Gorton y Denton, una circunscripción donde el 28% de la población es musulmana, dieron a Starmer un nuevo motivo de preocupación. Su partido cayó a la mitad del 51% de los votos que obtuvo en 2024. Los Verdes ganaron con un 40%, tras ser acusados de llevar a cabo una campaña sectaria centrada en conflictos internacionales como el de Gaza. Incluso realizaron propaganda electoral en urdu, la lengua materna de muchos pakistaníes, criticando las relaciones del gobierno de Starmer con la India.
Además, los Verdes proponen una política de fronteras totalmente abiertas a la inmigración.
Si estos resultados se extrapolaran a unas elecciones generales, 111 distritos electorales con grandes poblaciones musulmanas podrían causar estragos al Partido Laborista.
El islam es la religión de más rápido crecimiento en Gran Bretaña. En el momento del último censo, había 3,9 millones de musulmanes en Inglaterra y Gales, más del doble del millón y medio de hace 20 años. En algunos distritos, la población musulmana llega hasta el 59% de los residentes.
Con este panorama, quién sabe si pronto veremos a Keir Starmer ondear la bandera palestina o abrazar el “no a la guerra de Pedro Sánchez”.
