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Begoña Gómez saltó con pértiga

Begoña Gómez saltó con pértiga

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Aquellos cuatro días de reflexión en el huerto de Getsemaní del Palacio de la Moncloa, pudieron cambiar la historia de España. O, quizá, la cambiaron sin que hayamos tenido el menor conocimiento. No soy proclive a las especulaciones ni a la narrativa introspectiva de lo que pudo ocurrir aquellos días de oración en el desierto. Pero, lo que sí es seguro que, en aquellas horas oscuras, con reproches o sin reproches, se hizo un análisis y un diagnóstico de la situación, de los riesgos previsibles, de las circunstancias conocidas y no conocidas hasta entonces, y de los efectos derivados de la investigación de Begoña Gómez. Seguir o no seguir no era cuestión de resistencia bajo la necesidad de llevar a cabo un proyecto político que transformase España, sino que el dilema se presentaba de manera diferente: la probabilidad o no, en función de los indicios y de las pruebas, de que Begoña Gómez fuese condenada, una vez que se instruyese la causa.

Más allá de la pantomima del fango del Eco-socialismo, una pamplina retórica de escaso valor intelectual, y más si quien la pronuncia es el luchador de barro Oscar Puente, había que componer un discurso político y social que contrarrestase la deriva que había adquirido el caso. Y estas fueron las claves que iluminaron el camino de Pedro Sánchez, los ecosocialistas y los muñidores de ideas de su gabinete.

En primer lugar, había que presentar este ataque como un supuesto palmario de machismo. Para el socialismo de sordina, cualquier crítica a una mujer es un caso de machismo. Categóricamente falso. Sería machismo, y del bueno, si se criticara a Begoña Gómez por su condición de mujer, que no es el caso. Si la presidenta del gobierno hubiese sido una mujer, y su cónyuge, un hombre, la crítica que se formularía sería la misma. El nepotismo, el clientelismo y el tráfico de influencias no entiende de sexo. Es más, convertir cualquier ataque objetivo y material en machismo es un ejemplo zafio de “retro-feminismo” que nada coadyuva en la defensa de la igualdad.

En segundo lugar, y vinculado a la primera excusa, la izquierda ha hecho creer que la derecha y sus afluentes consideran que la mujer de un presidente debe estar en casa, esperando a su marido. Categóricamente falso. A pesar de algunas declaraciones confusas de algún político, nadie en su sano juicio ha defendido esta posición. Por un lado, habría que reiterar el argumento anterior de que es indiferente la afirmación ya sea el afectado hombre o mujer. Entrar en el terreno de las declaraciones de intenciones es una majadería muy propia de la izquierda sin argumentos. De otra parte, una mujer del presidente del gobierno puede hacer lo que le venga en gana, que por algo es libre, y puede optar por quedarse en casa o por desarrollar su actividad profesional. Eso sí, lo que haga, estará sometido al imperio de la ley, del conflicto de intereses o de las incompatibilidades. Por cierto, una Ley del cónyuge del presidente del gobierno, que no es institución constitucional ni nada que se le parezca, no resuelve el problema. Al contrario, porque acaba cargando con deberes jurídicos a quien no los tiene constitucionalmente y, por otro lado, habría que extender la ley a cónyuges de presidentes de Comunidades Autónomas, Ayuntamientos, Ministros o a los mismos diputados y senadores, donde el tráfico de enmiendas es más intenso que el metro en Madrid en hora punta. Para eso, ya hay un régimen de incompatibilidades y hay que cumplirlo. Sin más.

En tercer lugar, y como argumento de autoridad moral, el PSOE apela a los méritos, capacidad y experiencia de Begoña Gómez para merecerse las dos distinciones, Complutense e Instituto de la Empresa. Categóricamente falso de nuevo, y propio de la victimización más ruin e inaceptable. A Begoña Gómez no se le conocen grandes titulaciones homologadas, no como a muchos de los que leen esta pieza o a sus hijos y nietos, ni capacidad para las mismas, habida cuenta que se ha destacado en su vida laboral por ser “especialista en captación de fondos para organizaciones no gubernamentales” (sic), ni experiencia africana. O lo que es lo mismo, que si Begoña Gómez, bilbaína, viviese en el bocho, no estuviese casada con el presidente del gobierno y se dedicase a una actividad profesional como el común de los españoles, ni el Instituto de Empresa ni la Complutense se hubiesen puesto en contacto con ella. A los hechos me remito: indiquen un solo caso que ustedes conozcan de allegado o familiar al que estas dos instituciones se haya dirigido para coordinar una cátedra, ni más ni menos.

A partir de aquí, Begoña Gómez cogió carrera y saltó con pértiga por encima de la barrera, mientras los demás no pueden ni participar en el concurso de saltos. Y hete aquí que descubrió pronto la economía circular socialista, lamentablemente en un lugar maravilloso como Benasque, donde entre esquíes y noches de ronda, se fraguaron amistades entre los Sánchez & Gómez y algún empresario local. Alguien financia una cátedra, se designa a la esposa del Presidente para dirigirla, y luego Begoña Gómez firma una carta de recomendación a nombre del que pone la pasta. Economía circular de libro. Lo que más sorprende de todo esto es que Begoña Gómez lo hiciese con absoluta ligereza, sin entender que esa firma podía provocar problemas graves, no solo a ella sino también a su marido. En esos cuatro días de encierro espiritual, no me extrañaría que las preguntas más frecuentes fueran: ¿cómo has hecho esto? ¿cuántas cartas has firmado y para qué ayudas y contratos? Después, dicho y hecho, a poner a trabajar al gabinete para comprobar el alcance del estrago. Imagino que es una combinación inexacta de impunidad e ignorancia, pero desconozco la proporción de cada uno de estos ingredientes.

Desconozco lógicamente también cómo acabará todo esto, a falta de tener conocimiento con detalle de todas las pruebas y evidencias de la fase instructora, con la clemencia furibunda del fiscal. Pero lo que debe contrarrestarse radicalmente es el intento de victimización. Porque si esa primera fase narrativa la ganan, tienen prácticamente ganado todo el relato.

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