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ELECCIONES EEUU

Andrew Yang, el ‘Trump demócrata’ que quiere regalar 1.000 dólares a cada americano

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Yang tiene otro dos puntos en común con Trump, además de sus ideas radicalmente ‘fuera de la caja’. Como Trump, Yang es un empresario; como Trump, Yang ha tomado las redes sociales por asalto.

Andrew Yang, el empresario americano de origen chino que aspira a la candidatura demócrata a la Casa Blanca, tiene muchas propuestas que se diría calcadas de Podemos, desde su idea de Renta Básica Universal de 1.000 dólares a la legalización de las drogas. ¿Un radical más que prueba que el Partido Demócrata norteamericano se ha embarcado en una peligrosa deriva hacia el socialismo con todas las letras, una especie de inconsecuente ‘alivio cómico’ de las primarias demócratas para entretenimiento del público?

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Bueno, no exactamente. De hecho, el atractivo de Yang no solo se parece mucho al que llevó al ‘payaso’ Trump a la candidatura republicana, primero, y a la Casa Blanca, después. Y aún más curioso es que muchos de los que sienten el tiro de la ‘banda de Yang’ (YangGang) cae bien a muchos en el campo MAGA.

Pueden verlo, sin quieren, como el Fin de la Historia, a lo Fukuyama o, si prefieren, el fin del sistema político americano tal como ha existido hasta ahora, pero yo no pienso quitarle ojo a este curioso personaje hasta que sea desbancado en las primarias… O venza, que no están los tiempos para descartar nada.

Para abrir boca, y pese a esas dos propuestas podemitas (y muchas otras), clasificar claramente a Yang de izquierdas o de derechas es perder el tiempo, aunque no tenga la menor duda de que se hará, que en esta profesión la inercia es la fuerza más poderosa.

De hecho, Yang se presenta por el Partido Demócrata porque así es el sistema americano, igual que Trump se presentó por el Partido Republicano aunque su programa se daba de bofetadas con la plataforma republicana convencional (y sigue haciéndolo). Por otra parte, Yang tiene otro dos puntos en común con Trump, además de sus ideas radicalmente ‘fuera de la caja’. Como Trump, Yang es un empresario; como Trump, Yang ha tomado las redes sociales por asalto, es bueno comunicando en el nuevo medio y tiene toda la pinta de haber basado mentalmente en él su futura campaña.

Yang es un hombre de negocios que ha tocado varios palos, aunque lo que le hizo -relativamente- conocido fue fundar Venture for America, que ayuda a los graduados universitarios a convertirse en emprendedores. Pero lo que le ha puesto inmediatamente bajo los focos ha sido una sola idea, tan sencilla de recordar como el muro prometido por Trump: dar mil dólares al mes a cada americano, sin contrapartida, sin condiciones; un ‘dividendo de la libertad’ es como él mismo lo llama, financiado mediante un IVA.

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La idea puede ser desastrosa, puede ser nociva, puede ser una idea espantosa. Pero no es necesariamente socialista ni resulta hoy tan abiertamente ridícula como hace unas pocas décadas. Al final, disponer de educación o sanidad gratuitas, así como muchos otros servicios, algo que damos por supuesto en los países de Occidente, no deja de ser igual a que nos ingresaran lo que cuestan esos servicios en nuestra cuenta corriente; la única diferencia es que no tenemos elección, y que la cantidad varía. Más aún, el esquema de Yang daría a los receptores netos de ayudas la elección entre seguir recibiendo los servicios sociales gratuitos o el cheque.

Por otra parte, libertarios tan poco sospechosos de veleidades socialistas como Hayek, Milton Friedman o Charles Murray han defendido variaciones de este mismo esquema.

Yang justifica su propuesta como consecuencia de la revolución que aporta la empleo la automatización y la inteligencia artificial. Hasta ahora, los economistas liberales señalaban que es una falacia culpar a la tecnología de pérdidas netas de empleo, ya que los puestos que se pierden con la introducción de una innovación tecnológica queda rápidamente compensada por los puestos derivados que crea directa o indirectamente.

Pero Yang cree que esta ley se ha roto ya con la aceleración del ritmo tecnológico, especialmente con la llegada de la inteligencia artificial, que ha dado protagonismo laboral a la máquina en campos que se consideraban inexpugnable, como el de este que les escribe; quiero decir que, salvo por las erratas, ustedes no tendrían modo de saber que este artículo no lo ha escrito un programa informático. Existen, de hecho.

Yang se atreve a tocar temas que para el resto de sus correligionarios son absoluto anatema, como la crisis demográfica e, incluso, de la que afecta específicamente a los blancos (ventajas de no serlo). He aquí un tuit suyo que sería impensable en otro aspirante a la candidatura demócrata: “Las muertes superan ya a los nacimientos entre los blancos en la mitad de los estados del país. Buena parte de esto procede de una baja natalidad y de varones blancos que mueren de sobredosis o suicidio. Nuestra esperanza de vida lleva dos años descendiendo. Tenemos que hacer mucho más”.

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En cuanto a la política exterior, también en esto se asemeja a Trump: no es su campo, ni de lejos, pero cada vez que se ha pronunciado se ha mostrado partidario de que Estados Unidos no se meta donde no le llaman.

Por ahora, la favorita es la senadora Kamala Harris, con su aburrida plataforma de habituales reivindicaciones tribales en torno a la raza y el género, seguida muy de cerca por el abiertamente socialista Bernie Sanders, que quizá hubiera batido a Hillary Clinton en las pasadas primarias si el Comité Nacional Demócrata no hubiera hecho trampas. Ah, por cierto, Clinton ha anunciado que no se presenta.

Yang ni siquiera estaba en las quinielas antes de esta semana; hoy está ya en el ‘Top Ten’. Lo lógico, con tanto peso pesado del partido que cuenta con apoyos abrumadores en medios y en el mundo de las finanzas, es que Yang no llegue muy lejos en su carrera hacia la Casa Blanca. Claro que cuando Trump anunció su intención de presentarse, la carcajada se oyó en Canadá. ¿Podría repetirse el milagro, probando que estamos ante una tendencia? Lo normal, ya decimos, es que no. Pero si al final Yang lo consigue, no olviden que aquí fue donde primero oyeron hablar de él.