Las tensiones entre el gobierno y las comunidades dirigidas por el partido popular no son algo nuevo, pero la llegada de Óscar Puente al ejecutivo augura una legislatura al menos entretenida. Lo que solía ser enfrentamientos pasajeros y discretos parece haber tomado un nuevo giro, especialmente en el caso de la red de cercanías de Madrid.
Aunque los problemas en la red de cercanías de la capital española no son novedad, recientemente se han intensificado. El martes pasado, en vísperas del macro puente de diciembre, un nuevo tren descarriló en Atocha, un incidente que Isabel Díaz Ayuso no tardó en denunciar en redes sociales. La presidenta de la Comunidad de Madrid apuntó a dos descarrilamientos en Atocha en solo nueve días, expresando su determinación en proteger a los madrileños ante la supuesta falta de preocupación de Sánchez por el servicio de cercanías.
Esta denuncia desató la furia del ministro de Transportes, que respondió de manera tranquila, instando a Ayuso a centrarse en la construcción de líneas de metro sin derribar viviendas, ya que los problemas de la red de cercanías son responsabilidad del gobierno central. Sin embargo, la situación no quedó ahí. En un acto que deja mucho que desear en cuanto a la madurez política, el ministro respondió a las críticas con un simple «me gusta» a aquellos que cuestionaban su gestión.
Ante la continua oleada de críticas, el ministro optó por bloquear a figuras destacadas del partido popular, incluyendo al alcalde de Madrid, Borja Carabante, al delegado de urbanismo en la capital y directamente a la cuenta del PP en la comunidad. Estas acciones, lejos de abordar los problemas reales de la red de cercanías en Madrid, ponen de manifiesto una preocupante falta de enfoque y madurez por parte de un ministro del gobierno español.
Mientras Óscar Puente se centra en bloquear a quienes no comparten sus ideas, parece olvidar la cruda realidad de la red de cercanías en Madrid: retrasos, descarrilamientos y problemas persistentes, sin que se vislumbre una solución a la vista
