Hoy es uno de los países con más presos políticos del mundo. Entre ellos está Jimmy Lai, empresario y periodista hongkonés, encarcelado por defender la libertad de prensa, la fe y la democracia en Hong Kong. Como él, miles de activistas, periodistas, religiosos y disidentes son condenados bajo cargos ambiguos como “subversión” o “amenaza a la seguridad del Estado”, en un sistema que utiliza la prisión como herramienta para silenciar cualquier voz crítica.
